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El Jurado, presidido por el Profesor Santiago Grisolía, se ha reunido
en Cuenca y ha elegido ganadora de la XII edición del Premio DuPont
a María Carmo-Fonseca. Este premio esta dotado con 30000 euros.
María
Carmo Fonseca, ha sido elegida por sus importantes contribuciones
en el campo de la genética molecular, en especial en el proceso
que transmite la información contenida en los ácidos nucleicos a
las proteínas, que es uno de los mecanismos clave del funcionamiento
celular.
Además
de por su labor investigadora y docente, María Carmo Fonseca destaca
en su papel de Directora de Investigación y Formación a Jóvenes
Científicos.
La
premiada es portuguesa de 43 años de edad, es Licenciada
(1977-1883) y Catedrática por la Facultad de Medicina de
la Universidad de Lisboa, donde dirige la División de Biología
Celular y Molecular en el Instituto de Medicina Molecular. Cuenta
con una experiencia de más de diez años de investigación
en este campo científico:
Realizó el post-doctorado en el European Molecular Biology
Laboratory, Heidelberg, Alemania( 1989-1992). Profesora Asociada
de la Facultad de Medicina, Universidad de Lisboa(1993-1998). Desde
1996 es investigadora Responsable del Laboratorio de Biología
Celular y Molecular, Centro de Estudios de Biología y Patología
Molecular, Universidad de Lisboa.Profesora Catedrática ,
Facultad de Medicina, Universidad de Lisboa. Desde 1999 es Directora
del Instituto de Histología y Embriología, Facultad
de Medicina de Lisboa. Es Coordinadora Ejecutiva del Instituto de
Medicina Molecular.
Además
del XII Premio DuPont de la Ciencia, Maria Carmo ha sido galardonada
con otros premios y distinciones:
Beca de la Organización
Europea de Biología Molecular, (European Molecular Biology
Organization, EMBO) 1989-1991. Premio José Sala-Trepat, Fondation
de France/Institut Pasteur, París 1993. Miembro Electo de
la Organización Europeo de Biología Molecular, EMBO
1994. Miembro Electo de la Academia Portuguesa de Medicina 1999.
Miembro Electo de la Academia de las Ciencias de Lisboa 2000. Insignia
de la Orden Santiago de Espada 2001
Compagina su
carrera profesional con la participación en numerosas sociedades
científicas:
Miembro de Editorial
Advisory Board of the International Journal of Developmental Biology.
Miembro de las juntas consultivas de diversas revistas científicas:
EMBO Journal; Nature Cell Biology; Journal of Cell Biology; Trends
in Cell Biology; Journal of Cell Science; European Journal of Cell
Biology; Experimental Cell Research; Chromosoma. Evaluación
de Proyectos de Investigación de la Comisión Europea.
Advisory Committee for Research into Genomes in Europe, Comisión
Europea. Advisory Branch for ELSO (European Life Scientist Organization).
Evaluación de Proyectos de Investigación para Agencias
Internacionales (The Wellcome Trust; Human Frontier ScienceProgram
Organization)
Ha
participado en gran número de publicaciones.
La
“pasión” por la ciencia en la era post-genoma
(Discurso de la Dra. Maria Carmo-Fonseca)
El trabajo del
científico es un asunto que requiere amor y pasión,
y conseguir transmitir ese sentimiento no es una tarea sencilla.
La verdad es que no es nada fácil hablar de ciencia - por
lo general un tema bastante denso - y además hacerlo con
admiración y sorpresa. La pasión por la investigación
es una adicción que yo, como tantos otros a los que les encanta
investigar, empecé a desarrollar cuando era una estudiante
universitaria. Indecisa sobre que opción tomar, si ir a la
facultad de ciencias o a la de medicina, finalmente me decanté
por esta última y me inicié en la investigación
desde el principio. Más adelante, cuando entré a formar
parte del personal académico de la universidad, tuve que
enfrentarme con la difícil labor de encontrar la mejor forma
de introducir a los estudiantes de primer año de medicina
en los principios básicos de la biología.
Cualquier profesión,
por interesante que pueda parecer en un principio, se hace aburrida
si cada día se convierte en una repetición del día
anterior. La ciencia y la medicina proporcionan a los que las practican
una excepcional oportunidad para desarrollar su creatividad, pero
el conseguir que esta forma de fomentar el ingenio nos lleve hasta
un avance real depende en gran medida de nuestra voluntad para enfrentarnos
a nuestra propia ignorancia. Dejarse arrastrar por la curiosidad
y la necesidad de saber se ve recompensado con el disfrute de esos
preciados y reveladores momentos que siguen a un nuevo hallazgo.
Durante toda
mi vida me he dedicado a la investigación de base, admirada
por la compleja belleza que encierra el estudio de la expresión
genética. Un ejemplo de la importancia de la expresión
genética puede ser el hecho de que los hombres y los chimpancés
tienen una composición genética similar en un 98,7%.
Si comparamos la secuencia de genes de un ser humano y un chimpancé
observamos que son prácticamente idénticas. La distancia
genética que separa a un hombre de un chimpancé es
demasiado pequeña para explicar las enormes diferencias anatómicas
y de comportamiento entre las dos especies; ahora sabemos que el
hecho de que sean especies diferentes se debe al menos en parte
a ciertas divergencias en su expresión genética. No
es sólo la secuencia de un gen lo que importa, ya que los
genes pueden activarse o desactivarse en diferentes niveles, en
diferentes momentos de la vida o diferentes regiones del organismo.
Cuando los genes se activan, éstos dan lugar a proteínas,
las cuáles constituyen las piezas fundamentales de toda estructura
orgánica.
Un agente clave
en el proceso de conversión de genes en proteínas
es el ácido ribonucleico (ARN) mensajero. Como su nombre
indica, el ARN mensajero se encarga de distribuir información
química en el interior de la célula, y estos mensajes,
igual que sucede en la vida diaria, son a menudo “tergiversados”
o alterados al pasar de una persona a otra.
¿De qué
forma envían los genes de todas las células de nuestro
cuerpo estos mensajes y controlan la veracidad de su contenido?
Esta sencilla pregunta, para la que no hay una respuesta fácil,
constituye la base de las investigaciones que he llevado a cabo
durante los últimos quince años.
Cada vez se
conoce un mayor número de enfermedades provocadas por errores
en la cadena de producción y control del ARN mensajero. Este
motivo ha animado a mi equipo de investigación a seguir desentrañando
la biología celular y molecular de algunos de estos trastornos,
en particular la talasemia (la enfermedad congénita más
extendida), la atrofia muscular espinal (una frecuente enfermedad
congénita que es la principal causa heredada de mortandad
infantil) y la distrofia muscular óculo-faríngea (un
trastorno congénito menos frecuente que ocasiona dificultades
al tragar y provoca que se cierren los párpados). Los resultados
de nuestras investigaciones han contribuido a entender mejor los
mecanismos que rigen el metabolismo del ARN mensajero tanto en células
normales como patológicas, lo que a su vez proporciona una
base a la hora de seleccionar nuevos objetivos para abordar terapias
específicas para combatir estos trastornos.
A pesar de que
soy y seguiré siendo una investigadora de base, soy consciente
de la necesidad de actuar conjuntamente con otros investigadores
interesados en acercar la investigación de base y la investigación
clínica, de científicos que se dedican a traducir
los resultados obtenidos en el laboratorio en protocolos clínicos.
Este tipo de actividad, definida recientemente con el término
“investigación traslacional”, tiene como objetivo
introducir los hallazgos del laboratorio en la práctica médica,
para luego analizar en el laboratorio los resultados observados
tras un ensayo clínico. Como miembro de la facultad de medicina,
presto especial atención a la puesta en marcha de programas
de formación multidisciplinares que den a conocer este campo
emergente tanto a los estudiantes de medicina como de otras disciplinas,
con el objeto de ganar más investigadores adeptos a la causa.
Ciertamente,
vivimos un momento apasionante en lo que respecta a la investigación
biológica y biomédica. La revolución genómica
e Internet han cambiado el curso de la ciencia de una manera inimaginable
veinte años atrás. La ciencia es ahora mucho más
global que nunca, por lo que vivir en un sitio u otro es bastante
menos importante de lo que solía ser, siempre y cuando se
forme parte de un Centro de Investigación dotado de una infraestructura
adecuada. Las perspectivas de futuro son brillantes y las expectativas
depositadas muy altas.
La medicina
personalizada es sólo una de las muchas promesas que se atisban
en el horizonte de la era post-genoma. ¿Por qué motivo
la medicación que adormece a un paciente produce en otro
nerviosismo? A pesar de que determinados factores externos como
la dieta o la forma de vida ejercen un papel principal, la herencia
genética que hace que cada individuo sea único es
un factor igualmente importante.
¿Qué
sabemos exactamente sobre el genoma humano? Los científicos
poseen ahora un conocimiento aproximado de su secuencia, pero aún
falta mucho para que podamos entender la forma en que esta información
se traduce en un ser humano. Podemos entender los genes como códigos
de barras, y comprender la enorme tarea a la que se enfrentan científicos
de todo el mundo a la hora de descifrar este código que define
a cada individuo a partir de una cadena de ADN. Durante años,
las investigaciones se centraron en el estudio en profundidad de
determinados genes y sus funciones por separado. En la actualidad,
los científicos se han percatado de que los genes son en
realidad bastante “sociables”, por lo que el interés
de los investigadores se centra ahora más en determinar de
qué manera los genes y sus productos - las proteínas
– se relacionan entre sí. Es como seleccionar a un
individuo al azar y hacer un recuento de todos los contactos personales
que hace en un día. Después, este análisis
se amplia hasta cubrir todo el ciclo vital de esta persona, y lo
mismo se hace con todos los habitantes de una pequeña aldea,
de una ciudad, de un país, de todo el mundo. Los últimos
cálculos hablan de un genoma humano con 50.000 genes que
producen al menos un millón de proteínas diferentes.
Aunque descifrar la secuencia del genoma humano se trataba en un
principio de una labor desalentadora, era un problema delimitado
con un objetivo final específico. Por el contrario, calcular
la cantidad total de proteínas - el proteoma - de cualquier
organismo es un proceso dinámico con un número ilimitado
de variaciones posibles. Incluso los proteomas de los más
elementales organismos unicelulares son, en esencia, infinitos,
ya que además de los cambios que se producen en el curso
normal del desarrollo, crecimiento y división de sus células
también responden a los cambios externos ambientales.
Es evidente
que la dimensión del problema en lo referente a los organismos
pluricelulares, en especial el humano, es bastante más compleja.
¿Debe esta complejidad inducirnos a pensar que averiguar
en qué medida condicionan los cambios de proteoma las funciones
biológicas o ciertas enfermedades es una misión imposible?
En absoluto. Es una tarea ardua, ciertamente, pero factible, gracias
a los avances tecnológicos más recientes en el campo
de la electrónica, la robótica, la informática
y la biología molecular.
En la actualidad,
en los centros de investigación más avanzados las
máquinas producen, almacenan y procesan datos genómicos
y proteómicos. Esto ha sido posible gracias a que la ciencia
en la era del genoma se ha hecho verdaderamente multidisciplinar.
El éxito a la hora de desentrañar los secretos que
esconde nuestra herencia genética individual dependerá
en gran medida de la firmeza con que los investigadores pertenecientes
a diferentes disciplinas científicas aúnen sus esfuerzos
y conocimientos tecnológicos. Las tradicionales barreras
entre disciplinas están siendo derribadas por el avance del
conocimiento del genoma. Biólogos moleculares, médicos
e ingenieros mantienen una comunicación y una colaboración
insólita hasta la fecha, a la vez que las instituciones académicas
se empiezan a interesar por el mundo empresarial y la industria
se sitúa en la vanguardia de la investigación tecnológica.
En los laboratorios
se ha gestado una verdadera revolución social y económica
que ahora invade nuestras vidas: cultivos y animales modificados
genéticamente crecen en granjas de todo el mundo; parejas
lastradas por enfermedades congénitas tienen ahora la opción
de elegir embriones sanos; una nueva generación de medicamentos
“inteligentes” para combatir el cáncer y enfermedades
infecciosas se están abriendo camino en la práctica
de la medicina, y el realizar un genotipo individual se está
convirtiendo ahora en práctica obligada antes de recetar
determinados medicamentos. Por ejemplo, entre un 1 y un 2 por ciento
de la población corren el riesgo de sufrir arritmias o un
potencial paro cardiaco provocado por el “Bactrim”,
un antibiótico a menudo recetado por los médicos.
Estas personas han heredado una variante de un gen que codifica
una proteína con un papel clave en el funcionamiento del
músculo cardiaco. Averiguar, por tanto, si un individuo es
portador de esta peligrosa variante genética antes de recetar
Bactrim puede ser cuestión de vida o muerte para este paciente.
Como consecuencia
directa del extraordinario ritmo con el que se producen los avances
en la investigación biomédica, existe una gran demanda
de profesionales formados en técnicas innovadoras y se están
creando nuevos puestos de trabajo. A su vez, esto plantea nuevos
retos en cuestión de educación, ética, salud
pública y leyes sociales.
En definitiva,
la Universidad y la industria están allanando juntas el camino
del progreso en biomedicina, y DuPont es sin duda una de las compañías
pioneras a la hora de intentar convertir en realidad los milagros
de la ciencia. El Premio DuPont a la Ciencia (DuPont Prize for Science)
constituye un gran ejemplo del apoyo y reconocimiento de la compañía
a la investigación de base. Con toda humildad, tanto mi equipo
de investigación como yo estamos orgullosos de haber sido
elegidos para engrosar la prestigiosa lista de científicos
ibéricos galardonados con esta distinción. Muchas
gracias a todos.
Es
la primera vez en que una mujer consigue este galardón
Premio
DuPont de la ciencia

©Noviembre
2002
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