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El
III premio DuPont de ciencia tuvo el tinte amargo
que imprimió el fallecimiento del profesor Severo Ochoa el
1 de noviembre de 1993. Manteniendo el espíritu del premio
la ceremonia, prevista para la noche del 4 de noviembre, siguió
su curso, pero sirvió para rendir un caluroso homenaje a
la figura del ilustre científico, que había sido presidente
del jurado desde la creación del premio. Los más de
doscientos asistentes a la ceremonia guardaron un minuto de silencio
en memoria del investigador.
A pesar
de su delicado estado de salud, que le había retenido en
el hospital durante una larga estancia, el profesor Ochoa participó
activamente en el premio hasta el último momento. Marino
Gómez Santos, también miembro del jurado, periodista,
escritor y secretario personal del Nobel durante muchos años,
comentó que el d ía
antes de su muerte Ochoa le había encargado: Creo que
deberías decir unas palabras en mi nombre para ensalzar la
intención de DuPont de favorecer la investigación
científica y sus aplicaciones".
Dado
que la tercera edición del premio se centraba en la ciencia
de los materiales, al jurado del año anterior, formado por
Ángeles Álvarez, Marino GómezSantos, Albert
Johnson y Benjamin Christensen, se incorporaron nuevos miembros
expertos en el tema, como fueron Miguel Ángel Alario, profesor
de química inorgánica y decano de la Facultad de química
de la Universidad Complutense de Madrid y Joan Llivina, ingeniero
y experto en nuevos materiales, también propietario de una
fábrica especializada en la producción de prendas
de alta resistencia al fuego, que ha sido la primera empresa española
en utilizar la fibra de marca Nomex®.
El
4 de noviembre de 1993, en los salones del Hotel de la Reconquista
de Oviedo, se pronunció el fallo del III premio DuPont, en
una ceremonia presidida por el presidente del Principado de Asturias.
Todos los oradores tuvieron unas palabras de recuerdo para Severo
Ochoa, y especialmente Santiago Grisolía, quien actúo
por primera vez en función de su cargo de presidente del
jurado. El profesor Grisolía, recordó algunas anécdotas
vividas con su maestro y afirmó: don Severo poseía
una cualidad similar a la del gran Newton. Pensaba continuamente
en sus problemas de bioquímica, no como la mayor parte de
nosotros que pensamos sólo a cortos ratos en nuestra labor".
Había llegado el momento de anunciar el nombre del ganador,
el galardonado fue el profesor Manuel Elices Calafat ingeniero
de caminos, doctor en ciencias físicas y catedrático
de Ciencias de los Materiales en la Universidad Politécnica
de Madrid,por su trabajo sobre las propiedades mecánicas
de los materiales.
El
jurado destacó su búsqueda del equilibrio entre la
investigación básica y la aplicada. El profesor Elices
ha investigado las propiedades electrónicas y el comportamiento
mecánico de los materiales. Entre sus méritos destaca
también una contribución relevante y pionera en nuestro
país, como es la introducción de la herramienta mecánica
de la fractura para investigar la fisuración y la rotura
de los materiales.
El
profesor Elices es miembro de la Junta Directiva del Centro para
el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) así
como fundador y presidente del grupo español de la Mecánica
de la Fractura y también de la asociación internacional
Fracture Mechanics of Concrete Structures. El premio recompensaba
de alguna manera sus treinta años de dedicación al estudio de
los materiales
El
ganador, Manuel Elices, agradeció la concesión del
premio y explicó que le producía una profunda
alegría sólo empañada por el fallecimiento
de Severo Ochoa", además añadió que
la concesión del premio también conllevaba un ejercicio
de responsabilidad "porque ahora todo el mundo me va a exigir
mucho más".
En
el transcurso de la ceremonia, el presidente del Principado hizo
entrega del diploma que concedía el premio de la anterior
edición a su ganador, el doctor Andrés Maldonado.
Este investigador presentó un ponencia sobre el trabajo de
investigación de campo que estaba realizando en la Antártida.
Premio
DuPont de la ciencia

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Mayo 2002
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